El Programa de Ingeniería Civil de la Universidad Libre Seccional Pereira en el año 2025, estará acreditado en alta calidad académica, con reconocimiento regional, nacional y con proyección internacional. Su excelencia académica, docencia, investigación y producción intelectual, será el garante de la nueva sociedad del conocimiento. Los egresados participarán en la construcción de un país más equitativo, justo y pluralista, con una actitud crítica, innovadora y creativa, capaz de enfrentar los retos globales y del libre comercio.
martes, 23 de agosto de 2016
MISIÓN DE INGENIERÍA CIVIL
El Programa de Ingeniería Civil de la Universidad Libre Seccional Pereira, forma Ingenieros Civiles integrales que se desempeñan con ética y valores en función del desarrollo sostenible y del talento humano, en las diversas condiciones de competitividad. Así mismo, forma líderes innovadores y emprendedores, con fundamentos democráticos y pluralistas, con capacidad para generar soluciones que requiere la sociedad, a través de la planificación, diseño, interventoría, gerencia y construcción de obras civiles.
UN POCO DE MI
UN
POCO DE MÍ
Mi nombre es Santiago Restrepo
Moreno, el mayor de tres hermanos, mi padre Horacio Restrepo Acosta y mi madre
Diana María Moreno Garzón. Nací el 13 de mayo de 1996 en la Clínica Risaralda
de la ciudad de Pereira. Lugar que seguiría visitando constantemente al igual
que la clínica de la S.O.S por diferentes y delicados problemas de salud a muy
temprana edad.
Durante mis primeros dos años viví
con mi padre y mi madre, luego se divorciaron y ella quedó a cargo de mí,
estudié la primaria sin ninguna dificultad en el colegio Byron Gaviria de Cuba,
cerca de donde pasé toda mi infancia, conocí en tercer grado a mi aún mejor
amigo “Juancho Bañol”. En el año 2007 empecé la secundaria en el Instituto
Técnico Superior de Pereira, 3 años más tarde mientras cursaba el grado noveno
me impulsé a iniciar en el mundo de las artes marciales, debido a un amigo de
mi padre que manejaba clubes de Tae-Kwon-Do y de Karate-Do. Estuve en la
primera durante 6 meses hasta que conocí al entrenador Carlos Alberto Agudelo
Criollo de Wushu (Kung-Fu) en el estilo de la Mantis Religiosa 7 Estrellas,
estilo que por su estética y aplicabilidad, me cautivó de manera inmediata.
Estuve un año preparándome para
debutar en un campeonato nacional con la Federación Colombiana de Wushu, y ese día
llegó el 23 de julio de 2011 en Ibagué-Tolima con mi primer combate a nivel
nacional y federado en donde obtuve una presea dorada para mi departamento, mi
colegio y mi liga. Seguí este camino marcial paralelamente a la formación
académica que llevaba en mi colegio, donde me ubicaron profesionalmente, cuando
decidí seguir en la media industrial en el taller de Dibujo Arquitectónico y
Obras Civiles. En los años siguientes seguí participando y triunfando en
diferentes partes del país gracias a Dios y al buen entrenamiento de mi Maestro
Carlos, estuve invicto cuatro años en combates hasta que por motivos de cambio
de ciudad tuve que suspender mi línea deportiva.
En 2013 me uní a la comunidad
unilibrista en la carrera de Ingeniería Civil, durante primer y segundo
semestre hubo cerca de 3 campeonatos de los cuales me patrocinaron dos y
también dejé en alto el nombre de la Universidad Libre con un total 3 medallas
de oro en combate (Sanda) y 2 de plata en rutinas (Taolu) con armas y sin
armas. Para tercer semestre me vi obligado por motivos económicos a suspender
la universidad e irme a trabajar con una empresa en Boyacá, allí estuve cerca
de 5 meses y el 12 de mayo de 2014, un día antes de mi cumpleaños, regresé a
Pereira, analicé las posibilidades de regresar a la universidad pero por problemas
familiares que surgieron mientras estuve en Boyacá, fue descartada por completo
esa ilusión.
En agosto de ese mismo año tuve la
citación para definir la situación militar, como todo varón colombiano está
obligado por la Constitución Política de 1991 cuando cumpla su mayoría de edad.
Efectivamente iba a ser llevado por el Ejercito Nacional a prestar este
servicio al Estado, yo me negué y decidí incorporarme al servicio militar en la
Policía Nacional de Colombia como Auxiliar de Policía, fue el día que más
diligencias hice en mi vida. Una semana después hicieron las pruebas físicas y
psicotécnicas que pasé sin ninguna novedad, solo faltaba la médica que dos días
después habría aprobado también. El día 13 de septiembre ya me encontraba en la
escuela de Manizales.
Fueron tres meses de
adoctrinamiento en la Escuela de Carabineros Alejandro Gutiérrez donde
desempeñé como secretario mayor de la compañía Juan María Marcelino Gilibert teniendo
a cargo toda la documentación y planillas de procesos como polígono y
actividades físicas por fuera de la escuela, de 129 hombres que conformaban el
curso 045 de esta compañía. Concluidos los 90 días de la formación académica necesaria
para desempeñar de manera óptima nuestra función como servidores públicos, nos
graduamos en una ceremonia especial y en ese momento llegaron las
destinaciones, muchos de mis compañeros de curso salieron a lugares de
distención como Cauca, Chocó y Popayán, otros tantos fuimos afortunados de
llegar a lugares más tranquilos como Risaralda, Caldas, Valle del Cauca, y yo
quede con 24 más de ellos en un centro vacacional de la misma institución
ubicado en La Tebaida-Quindío.
Durante el servicio militar hubo
situaciones de constante aprendizaje, donde cada minuto que pasaba extrañábamos
nuestras familias, el calor del hogar, el cariño de la madre, las palabras
dulces de ánimo de la familia y los amigos, situaciones como levantarse en
medio de la noche a trotar 4 o 5 kilómetros para ir a dormir una hora y volver
a trotar nuevamente. Y aunque se salía cada 60 días con 5 días de permiso, no
alcanzaba para nada, ni siquiera para la misma familia, cada permiso fue un
dulce encuentro y un amargo retorno a la realidad militar, que aunque en menor
medida que en otras zonas del país, allí también se vivía con mucha intensidad.
Este período de servicio duró en
total 18 meses, un año y medio que trajo consigo muchos momentos, unos que se
convirtieron en gratos recuerdos y otros tantos en grandes lecciones para mi
vida. Conviví con 24 hombres 15 de estos 18 meses, y se fueron calando de tal
forma en mi vida que los consideré mi familia, puesto que trabajábamos juntos,
desayunábamos, almorzábamos, cenábamos y dormíamos juntos, a la misma hora y en
el mismo lugar, tal y como en una familia real. El licenciamiento del servicio
militar fue una despedida en masa de todos aquellos compañeros que a lo largo
de ese tiempo fueron mi familia y que de ahí en adelante muy probablemente no
volvería a ver.
Una vez culminada esta etapa
militar de mi vida en marzo de 2016; aquella ilusión desvanecida en el 2014 de
reingresar a la universidad se iba tornando cada vez más clara, y esto obedecía
a que los problemas familiares generados dos años atrás mientras laboraba en
Boyacá, por fin se fueron resolviendo y tuve una segunda oportunidad de volver
a mi carrera.
Como si fuera poca la felicidad de
volver a la universidad, una de mis tías nos sorprendió a toda la familia con
la emocionante noticia de que nos reuniríamos por primera vez en toda la vida
la familia completa y que esta reunión se llevaría a cabo en Argentina, país
donde vive uno de mis primos desde el 2013, siendo el 04 de julio de 2016 el
inicio de este viaje que duraría 15 días colmados de muchas alegrías en
familia, de experiencias hermosas como visitar una de las maravillas naturales
del mundo como lo son las Cataratas de Iguazú, tanto desde la parte brasilera,
como desde la parte argentina, teniendo la fortuna de visitar Brasil para este
recorrido. Ver una de las pocas partes del mundo donde dos ríos, el Iguazú y el
Paraná, dividen tres países, Brasil, Argentina y Paraguay; esto entre tantas
otras cosas bonitas vividas en el viaje. El 19 de julio cada parte de la
familia emprendió el retorno a sus lugares de residencia, mi grupo de viaje que
era una tía con su familia, mi padre, otra tía y yo, hicimos escala en Santiago
de Chile y conocimos una parte de esta ciudad también.
En la actualidad curso tercer
semestre Ingeniería Civil, en la Universidad libre de Colombia, sigo entrenando
artes marciales chinas, aunque no con la misma intensidad de antes y me retiré
de la modalidad de combate, ahora solo me dedico a las rutinas tradicionales,
tengo en mi record un total de 24 medallas, entre ellas 13 de oro, 7 de plata y 4 de
bronce.
Conocí una persona increíble y que
a su lado y el de su familia paso momentos inolvidables, y a quienes agradezco
haberme acogido como un miembro más desde hace ya algunos meses.
Vivo con mi padre desde hace 8 años
y llevamos una excelente relación padre-hijo, tengo dos hermosas mascotas una
de 2 años de nombre Katara y la otra de 8 meses que obedece al nombre Jade.
Soy amante a la comida, al deporte,
a compartir con las personas que quiero, y por supuesto a estudiar; también un
poco obstinado y rebelde, me gusta luchar por lo que quiero hasta lograr
conseguirlo, a veces sin medir consecuencias. También soy entregado al amor,
detallista y lo que hoy llamaríamos “cursi” cuando me gusta alguien. Antes que
la rumba prefiero un lugar para escuchar música, conversar, reír y cantar.
Esto es un poco de mí.
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